El desastre natural de la ciudad de Aiquile


En la fría madrugada del viernes 22 de mayo de 1998 años, mientras sus pobladores descansaban de la ardua jornada, el hermoso pueblo de Aiquile fue devastado por el mayor terremoto jamás ocurrido en Bolivia. El epicentro del sismo se localizó a 24 Km. al este de Totora y a 54 Km. al noreste de Aiquile, con una magnitud de 6.8 grados en la escala de Richter. El saldo fue desolador: más de 50 personas fallecidas por aplastamiento, numerosos heridos de diversa gravedad, 385 viviendas desplomadas completamente, 312 viviendas parcialmente desplomadas y 315 viviendas calificadas de alto riesgo. Mas de cien años de rica historia trasuntada en su peculiar arquitectura, desparecieron en poco más de 15 segundos de inimaginable violencia telúrica.
Los bolivianos de todos los rincones de la patria y generosos ciudadanos de todas partes del mundo, conmovidos por el dolor y la tragedia de éste pueblo, generaron uno de los más importantes movimientos de ayuda y solidaridad jamás conocidos en Bolivia. Lo que pudo haber pasado a la historia como un verdadero ejemplo de cooperación y auxilio, ocasionó uno de los episodios más execrables de corrupción que haya presenciado la Nación. Funcionarios estatales de los más altos rangos desviaron y malversaron la mayor parte de los recursos de donación y los recursos erogados por el tesoro nacional.
Los aiquileños, al constatar con estupor que quienes se decían sus auxiliadores, en realidad había establecido una aceitada maquina de saqueo y corrupción, apelaron al temple de acero y al infinito amor por su tierra, que caracterizó desde siempre a los habitantes de ésta zona y por sus propios medios y recursos, sobreponiéndose al dolor de la tragedia y a la amargura del engaño y la estafa, lograron reconstruir su pueblo - en tiempo record - casi en su totalidad. Si bien en algunos casos han significado una mejora en la calidad de los materiales de construcción, sin embargo en el aspecto arquitectónico ha significado la pérdida irreversible del patrimonio que representaban viviendas y edificios de la época colonial y los primeros años de la república. A más de siete años de la tragedia, Aiquile tiene hoy una imagen urbana moderna y fresca, muy diferente a la de antaño. La celeridad con que éste Municipio se ha sobrepuesto a la grave tragedia, demuestra su potencial de crecimiento y la certeza de que la implementación de políticas adecuadas puede impulsar un verdadero desarrollo.
(Fuente: Dr. Alberto Cardona)

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